Si bien es cierto que en el imaginario colectivo el valenciano resulta ser un buen, excelente labrador, no es menos cierto que no acostumbra a ser ganadero. La ganadería ha sido una actividad minoritaria dentro del mundo rural valenciano, excepto en algunos lugares, como las comarcas del norte alicantino. La colección del Museu Valencià d'Etnologia se compone, básicamente, de herramientas relacionadas con el mundo del caballo y, por otro lado, de utillaje de pastor de ovinos y caprinos.




